jueves, 29 de abril de 2010

Encierro

Me empezaba a preguntar que tipo de relaciones hace surgir un clima tan hostil. En que modo condicionaba la forma de relacionarse de las personas al menos por un tiempo, la noche casi perpetua, el frío que te envuelve hasta la locura.
Cuando el encierro es la única opción que resta luego de cumplir las actividades meramente obligatorias de producción o educación. Y los departamentos comenzaban a parecer más chicos, la paredes divisorias más delgadas, la vida más lenta.
Que pasaba puertas adentro cuando la gente tiene que empezar a convivir tantas horas seguidas? Que tipo de reglas internas aparecen? Que otras se flexibilizan? Cuando los cuerpos en un mismo espacio empiezan a transitarse en paralelo, casi sin verse, sabiéndose allí, pero sin ojos que se cruzan.?
La noche obliga a recluirse puertas adentro… no más el paseo azaroso de quien dobla en cualquier esquina siguiendo sus instintos, por el solo hecho de llenar los pulmones de aire, los ojos de imágenes, el momento de sentidos. Todo recorrido que se encare debe ser un camino absolutamente predefinido, el trayecto más corto entre dos puntos, la mera acción por un fin.
Pero la noche tan larga también predisponía a la reaparición de antiguos personajes que solo podían moverse entre las sombras. Los grandes parques siempre resultan un buen escondite para ellos sobre todo en estas épocas, ni siquiera necesitan esforzarse demasiado, pocos son los que se adentran en grandes espacios descampados, y si lo hacen es solo porque les acorta el camino para llegar a algún lugar, lo harían con paso rápido, sin mirar a los costados, sin ponerse a juzgar que podría ser aquello que sus ojos creían haber visto.

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